Esta ciudad me hace llorar…

No me agrada mucho la idea de que este sea mi primer post sobre Concepción, por que a pesar de sus muchas falencias he llegado a amar esta ciudad tan llena de historia y cultura desconocida. Es algo tan simple como el hecho de tener más personas y más espacio lo que brinda la fantástica oportunidad de experimentar, hacer y pensar muchísimo, de soñar, de crear espacios y oportunidades….pero son esas mismas personas y espacio lo que me hacen querer regresar a mi pequeña ciudad sureña corriendo.

Hace más o menos una semana hubo una manifestación en el centro de la ciudad.

Estaba regresando a casa después de un día en la universidad. La noche cubría el centro con un bello velo negro, mientras la luminaria se reflejaba en las muchas gotas que la lluvia de esa tarde ofrecía. Era una noche hermosa, de esas que agradezco mucho, de la nada mis ojos se cubrieron de lágrimas mientras caminaba hacia tribunales para tomar la micro.

Al principio pensé que el llanto era de emoción, pero ninguna alegría viene acompañada con un sabor amargo y punzante en la boca, ni miles de agujas atacando el rostro o un ardor tan fuerte que te prohíbe abrir los ojos. Mientras esperaba en el paradero acompañada de varias personas igual de incómodas y adoloridas, le pregunté a un caballero: ¿Tiraron una lacrimógena?

Apenas la pregunta salió de mi boca la sentí estúpida. Se sentían los gritos de protesta un par de cuadras más abajo, había visto a un retén policial y a varios grupos de carabineros alertas y con cara de pocos amigos en las esquinas…la respuesta era obvia.

El motivo y los resultados de la manifestación me resultan indiferentes, si soy sincera. Muy pocas veces me preocupo por lo que se está marchando en las calles de Concepción, ya sea porque no me representa el ideal enarbolado o simplemente por que no me había enterado de la movilización, y sin embargo siempre vivo preocupada de esas marchas y manifestaciones, pendiente de sus fechas, horas y hasta rutas.

Si, luego de cuatro años en Conce he logrado acostumbrarme al ajetreo, a la cancelación de clases, a las consecuencias y a las medidas de seguridad que debo tomar para que no me aprehendan por error, para que no me confundan con un manifestante o me agredan por no participar en la protesta…pero no puedo, y no quiero acostumbrarme a que este sea el estado normal de las cosas.

No debería caminar con miedo por el centro de la ciudad un día de marcha. No debería temer por mi integridad física si actúo de acuerdo a mis convicciones y no marcho. No debería dudar ante preguntarle algo a un carabinero, o temer quedar en medio de un altercado físico, o que me toque el guanaco o me lleven presa por error, y definitivamente no deberían llegarnos bombas lacrimógenas esperando una jodida micro.

Yo antes podía caminar tranquila en medio de una marcha, en sentido contrario para volver a mi casa. Podía opinar libremente de lo que se estaba haciendo, sin temor a que me insultara. Podía conversar con el carabinero mientras las personas avanzaban, y mi única preocupación era si iban a usar o no el chorro de agua para que terminara la protesta si es que se pasaban de la hora autorizada (cosa que pocas veces vi).

Pero ahora y aquí las cosas no son así, y se que hay razones de peso para ello, pero en días como esos solo me queda aguantar los malos ratos y recordar….

 

 

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